25 oct. 2012

ABUELA, ¡CUANTO TE QUIERO!

Sentadas a la mesa de la cocina, tomando el desayuno, vos me decías que no te sentías bien, que habías tomado tus pastillas y comenzaste a contarme cosas de tu vida, y yo atenta escuchaba, siempre me gustaba oír tus historias.
Aun recuerdo cuando en las noches de inviernos me contabas historias mientras me enseñabas a tejer y luego con el café y la copita de licor, traías tu caja, tus fotos, tu álbum de recortes y me mostrabas tus tesoros.
Pero ese día fue especial, algo había que lo hacía distinto. Estoy segura que había algo que vos sabías y que yo no comprendía y me hablaste de las cosas que te gustarían para tu muerte y me pediste que cuidara al abuelo cuando vos no estuvieras y me confesaste tu miedo al pensar que esa sería la última vez que me verías y yo te contaba cosas tratando de cambiar el tema.
Y no sé cuantas horas pasaron, pero de un momento a otro los médicos entraban y salían. Yo, afuera, alejada, fumaba sin siquiera reaccionar, mirando todo como en una película.
Y luego, alguien te concedió siete días más, pero ya estabas dormida, aun recuerdo el pip pip de los aparatos, el frio del pasillo del hospital, el viaje para que volvieras a descansar en tu lugar tal como lo querías. 
Y yo seguía sin entender que había pasado y cuando al fin reaccione, llore, llore y llore, nada ni nadie podía  ya contenerme y consolarme.  ¿Qué seria ahora de mí sin vos? ¿Quién me escribiría esas cartas llenas de amor y aliento?
Y recordé nuestra charla y me di cuenta que en verdad vos sabias, sabias que esa era la última vez que nos veríamos y a veces, cuando lo pienso siento que yo perdí mi última oportunidad de abrazarte y decirte cuanto te quería.




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