27 nov. 2012

PARA VOS, AMIGO A LA DISTANCIA




Después de unos tres años de mensajes privados en mi face con un simple: “hola ¿quién está detrás de ese dibujo? ¿nunca te vas a mostrar?” o “tú eres mi mariposa”, después de discutir siempre por privado, por que yo no sabía quien eras y no quería que me molestaras, nos descubrimos.
Yo me enojé con vos y luego nos volvimos a hablar, y vos te enojaste conmigo y luego nos volvimos a hablar. Así, en medio de peleas y diálogos logramos conocernos más y ahora somos inseparables. Sabés de mis dolores, sabés de mis tristezas y alegrías, me conocés tal cual soy.
Y ya pasó tiempo y seguimos hablando y ya sos mi amigo y ahora abro mi face esperando encontrar mi tacita de café, un videíto o un simple “¿hola muchacha donde estas que no te veo?”
Y sabemos que nunca nos vamos a conocer personalmente por la gran distancia que nos separa, ni siquiera conoces mi voz ni yo la tuya.
Pero yo soy feliz cada vez que veo un jajaja en esa pequeña cajita o vos me decís “muchacha loca me hiciste soltar una fuerte carcajada” y yo te contesto “¡siiii, lo logreeee! ¡Al fin te hice reir!”. Es que esa fue mi promesa ¿te acordás? Prometí hacerte reír para que así, tu estrellita te viera feliz.
No se cuanto va a durar, es que esto del mundo virtual es tan raro, gente que viene y va.
Pero de algo estoy segura, vos por siempre vas a ser mi amigo, ese que apareció sin que yo lo buscara, el que desde lejos secó mis lágrimas, el que me lee y entiende aunque hablemos idiomas diferentes, el que me aconseja, el que está.
Aquel que tiene un lugarcito en mi corazón y que siempre va a estar ahí alojado, porque como siempre te digo, pase lo que pase yo ya nunca me voy a poder olvidar de vos.
¡Te quiero por siempre mi amigo, te quiero loquito lindo!









23 nov. 2012

RTE: MANUELA Y ANDRES




Andrés la esperaba en algún lugar que Manuela no conocía.
El día se presentó lluvioso, gran cantidad de agua caía del cielo formando charcos en la tierra y bajando como cascadas por las paredes de las construcciones de ese pequeño pueblo.
Mojada y desorientada comenzó a recorrer esas solitarias calles casi a oscuras.
Al fondo de un callejón angosto divisó una tenue luz. Se acercó despacio y temerosa ante ese lugar desconocido.
Desde afuera vio el interior de un pequeño bar. Un viejo mostrador de madera finamente tallado. En la pared de atrás un gran espejo era el centro de repisas con bebidas. Había unas pequeñas mesas con sillas tapizadas en rojo. La luz tenue provenía de unas arañas que colgaban del techo.
Se sentía acogedor allí, por lo menos seria más confortable que afuera bajo la lluvia.
Entró despacio, una campanilla sonó cuando abrió la puerta.
Se acercó al mostrador y preguntó por Andrés.
- Allí está – le dijo el hombre haciendo un movimiento con la cabeza hacia un rincón.
- Gracias – le contestó Manuela
Se dirigió despacio hacia el rincón. Allí había un hombre sentado de espaldas con una taza de café frente a él. Se quedó parada observándolo por un momento.
Sentía una extraña sensación, mezcla de sentimientos. 
Cuando al fin logró hablar: 
- Hola, ¿vos sos…?
El giró su cabeza, la miró a los ojos
-Si vos sos Manuela, sí, yo soy Andrés.
- Sí, soy Manuela
Se puso de pie frente a Manuela y se recorrieron mutuamente con la mirada sin pronunciar palabra, tratando de reconocerse, en verdad si se conocían, pero no así. Conocían solo su interior, sus letras dibujadas en un papel de carta.
Conocían sus formas de ser, de pensar, ambos tenían fotos del otro. Pero ahora no había palabras sino un cruce de miradas.
Andrés reconoció sus labios, esos que ella le estampaba cuando le escribía.
Manuela aspiró hondo y se llenó del perfume que había viajado impregnado en el papel.
Al final, se fundieron en un profundo y prolongado abrazo, el primero luego de un año.
El mozo se acercó con el café, Manuela lo bebió despacio, Andrés tomaba el suyo, no había sonidos, solo miradas, miradas de dos personas que se conocían y a la vez se estaban conociendo.
Dos personas con una historia de amor surgida a través de cartas, palabras dibujadas en el papel describiéndolos tal cual eran.

No existe diferencia entre la forma de conocer gente en el medio virtual y la de conocerla mediante una carta como antes.
Simplemente la tecnología inmediatizó el mensaje e hizo que ahora se puedan conocer de manera más completa, cuerpo y voz, pero el fin sigue siendo el mismo: conocer.
Tanto antes como ahora pueden surgir grandes historias de amor y amistad.



14 nov. 2012

REALIDAD DE LO VIRTUAL O VIRTUALIDAD DE LO REAL




Los afectos tienen distintas formas de expresión, así como, muchos medios de dar y recibirlos.
Algunos, que aun se oponen irremediablemente a los beneficios de Internet  descreen que este sea un medio donde se puedan dar y  recibir afectos y en su descreencia, se pierden momentos instantáneos de sentirse queridos y valorados.
Es verdad que las relaciones interpersonales son importantes.
Es verdad que no hay nada comparado a ese abrazo a otro cuerpo en un cálido contacto, ese roce suave de los labios en la mejilla, esas manos que acarician y consuelan, esas son expresiones placenteras al momento de recibir afecto.
Pero cuando estamos en la soledad, cuando no tenemos a quien recurrir en ese preciso instante, cuando en lo oscuro  de la noche, en el momento en que todos duermen, nos encontramos solos, existe ese mundo al que llaman virtual.
Es en este mundo, en el que  se mezcla lo virtual con lo real, es que a ambos lados de un monitor hay personas, personas con sentimientos, personas que se expresan, que cuentan sus vidas a su manera.
Alguien, con justa razón o simple experiencia, puede descreer de lo que  pasa, puede argumentar que allí hay gente mala, gente que no dice la verdad, que todo lo disfraza.
¿Pero no ocurre esto en la vida llamada real también?
¿Cuántas veces hemos confiado en alguien al que vemos y luego sabemos que no es lo que mostraba?
Yo he tenido amistades llamadas reales que en verdad eran mentiras y tengo amistades reales muy verdaderas.
Y también he tenido en mi mundo virtual amistades que fueron grandes estafas y amistades que son grandes realidades.
Y en lo oscuro de la noche, y en aquellos momentos en los que mi alma buscaba mimos, caricias cálidas al corazón, las encontré también allí, en mi mundo virtual, amigos sin voces, pero llenos de palabras con afectos, con mucho para dar y recibir. Afectos instantáneos, ternuras en el momento.
Y si, cuando me resultan poco los afectos reales, cuando mi alma esta sola, recurro a ellos, ellos que no necesitan ver mi cara, ellos que con solo decir una palabra pueden saber cómo me siento y me dan los abrazos y besos que tanto me hacen falta.
Y si, es allí en ese preciso momento cuando lo real se mezcla con lo virtual y persigue una sola cosa: hacer sentir bien a quien está al otro lado de la pantalla.



NAVIDADES




El resto de mi familia, abuelos y tíos, vivían en otra provincia a quinientos kilómetros de nosotros, quinientos kilómetros que en esa época parecían un montón.
El día de navidad cargábamos todo en el auto bien temprano y emprendíamos el viaje, entre peleas y turnos para ver a quien le tocaba el medio o la ventanilla.
Al llegar a la casa de mis abuelos el despliegue era enorme, las cacerolas hervían en las hornallas indicando la preparación de uno de los menús tradicionales, la mayonesa de ave, en la mesa del comedor diario ya había fuentes repletas de tartaletas, sándwiches de miga, budines, pan dulce, etc, etc, etc, todo casero por supuesto, tapado con manteles que íbamos levantando para poder probar todo lo que allí abajo había.
Mi abuelo iba y venía acomodando mesas, llevando sillas, corriendo macetas, clocando luces.
No existían en esa épocas las comodidades de ahora, por lo que en el patio, en la pileta del lavadero, había una barra de hielo enfriando botellas, ya habíamos contado las de gaseosas, es que esas traían una figurita bajo la tapa y teníamos que calcular cuantas nos tocaba a cada uno para evitar las peleas.
Cuando se acercaba la hora dejaba de jugar con mis amigas y me preparaba para la fiesta.
La noche era agradable, toda la familia reunida en torno a una gran mesa, mis tíos, sus padres, mis abuelos, sus hijos, mis primos, mi familia.
El momento más esperado era el de las doce de la noche, ahí corríamos al árbol para buscar nuestros regalos, los sacábamos uno a uno y los íbamos abriendo, allí estaba la muñeca pedida, el cochecito para pasearla, un monopatín, los patines o la bicicleta, siempre variaban de acuerdo al pedido que durante el año realizábamos.
Luego de este acto de encontrarnos con los regalos, salía a la calle, es que había que estrenarlos en el momento, y allí me reunía con mis amigas del barrio y compartíamos todo lo recibido. Los juegos se prolongaban hasta tarde bajo las luces de la calle.
Al otro día nuevamente la reunión se repetía y luego de ella venia la despedida de mi familia, ellos emprendían el viaje de vuelta y yo me quedaba allí a disfrutar mis vacaciones y los mimos de mis abuelos y tíos. 



MI ALMA



La edad la determina el alma. Si, esa es mi convicción.
¿Quién puede decirnos si somos jóvenes o viejos?
Es que ¿existe un parámetro para medirnos?
Creo que no. Si se guían por el cuerpo cansado de arrastrar el dolor y los malos momentos de la vida pues bien, ahí sí, me declaro mayor. Pero si se guían por el alma, ahí no, mi alma quiere seguir viviendo y por mucho tiempo más. Es que ella perdió el tiempo padeciendo algunos dolores y esta empecinada en mantenerse joven.
Ella es atemporal y puede manejar su plan como más le guste. Yo la dejo que sea libre,  ya paso el tiempo de ser alma apenada, dominada por el dolor, con su mueca de tristeza, con los ojos cansados de llorar.
En esa región del alma, ahora deja que el sufrimiento la invada por momentos nada mas, pero no le da tiempo a que se le instale del todo y cuando siente que la invade, corre presurosa a buscar consuelo y lo encuentra en un mínimo afecto, una sonrisa que roba por allí, una mínima caricia, un suave beso. Eso es suficiente para ella y si la pena es más profunda la transforma en palabras, palabras que queda marcada en e l papel como una forma de descarga y es así que mi alma, mi espíritu sigue siendo joven y mi cuerpo solamente sirve para transportarla.  Llevarla por ahí a descubrir todas las almas de las cosas y la gente linda que la rodean.





10 nov. 2012

DOS EN LA ORILLA




El mar,
Inmensidad de agua,
Gran espejo de plata separando tierras.
Allí, a una y otra orilla la arena,
Alfombra dorada que bajo el sol destella.
En distintos continentes,
En distintos lugares,
Con distintas culturas,
Razas y creencias.
En un mismo momento,
Con un mismo gesto
Dos personas separadas por el agua,
Al infinito miran.
Dos personas
Detenidas en la playa
Cruzan sus miradas, mirándose sin verse.
Buscándose aun sin saber que el otro existe.
La coincidencia
La simple coincidencia o no.
Quizás también la voluntad.
Voluntad de conocer
A quien se sabe que esta
Del otro lado del mar.
Acto consciente o inconsciente
Que persigue el único fin
Que es conocer.
Pensar, que allá
Del otro lado del mar
Hay alguien del cual nada se sabe.
Dos personas que
De una forma u otra
Simplemente se perciben
Y atentamente se miran.




DIVAS DE LA LOCURA

Para Huella, el motor que me enseña cada día a amar mas las palabras y el valor que ella tienen para expresar todo aquello que esta en mi alma.
Para vos, Huella, la que siempre admira mis locos escritos, la que con su voz pone sonido a mis palabras. 


Aburrida y añorando mis épocas de chat, decidí entrar en yahoo, pasé por varias salas y desembarqué en poesía, debo confesar que hasta ese día no era lo que más me interesaba, pero allí me quedé. Me acomodé en la tribuna del costado, mirando la sucesión de palabras en el escenario y a los protagonistas recitar y pasar música.
En verdad ese día la sala estaba agradable y decidí ponerla como favorita.
Seguí entrando, conocí gente, me llené de palabras y música. Me enseñaron como se usaba el mic y allí fui por todo los implementos necesarios.
Una noche, aún la recuerdo, quedaba allí un Nick, Huella del aire, las dos estábamos en sala y compartíamos música mientras hacíamos nuestros trabajos, en verdad nos hacíamos compañía en la soledad de la noche.
Entre poesía, charlas y música fuimos descubriendo que teníamos mucho en común, formas de ser, historias de vida.
Y seguimos compartiendo sala y ahora se llena de momentos mágicos en los que simplemente nos reímos sin importar lo que nos pasa
Y ahí estamos durante horas,  nos seguimos haciendo compañía, algunos nicks entran, algunos se quedan un rato, aun no sabemos si están mirando y escuchando sin entender o sin creer lo que pasa, pero si vemos que la mayoría  entra y sale como huyendo.
Pero seguimos ahí, inventando historias locas, compartiendo tristezas y alegrías, riendo hasta quedar sin aire, a veces nos preguntamos porque será que no podemos ser más serias y bueno simplemente no podemos, es que la vida ya tiene su cuota de seriedad cubierta y para que ponerle más.
Y así estamos Huella y Mafiqui autoproclamándonos hippies, divas de la locura, compartiendo la sala de poesía, compartiendo tristezas y alegrías, en definitiva, simplemente compartiendo momentos de nuestras vidas.






EN VERDAD SON LINDAS MIS SIERRAS





Que linda es mi provincia. Sierras, lagos, ríos, arroyos, cada rincón tiene historia, cada lugar es un paisaje distinto.
Tomamos la ruta que rodea las sierras, árboles, arbustos, pasto, alguna construcción se puede ver entre las piedras.
El cielo azul, un sol cálido dando más esplendor  al paisaje, el aire es puro  y el silencio relajante.
Vamos subiendo sin darnos cuenta, el paisaje en un constante cambio, en algún sector todo es virgen y en otro vemos la mano del hombre, zonas negras y desbastadas por el fuego y en donde milagrosamente la vegetación comienza a abrirse paso. Manchas verdes sobre un fondo negro, hojas verdes en los troncos negros. Cosas de la naturaleza que todo lo puede.
Al fondo se comienza a divisar una pequeña mancha azul que a medida que avanzamos va creciendo, un lago aparece y domina el paisaje, abrazado por las sierras, rodeado de verde está ahí, tan azul que se confunde con el cielo, con reflejos de sol haciendo de estrellas en el agua. Todo allí parece estático. Y allí nos quedamos, respiramos la paz del lugar, llenando los pulmones de aire puro con olorcito a naturaleza, admirando el paisaje, absorbiendo los rayos tibios del sol, escuchando el silencio.
Si, en verdad, que lindas son mis sierras.



ME GUSTA




Me gusta apoyar mi cabeza en tu pecho y sentir tu corazón latiendo allí adentro.
Me gusta como tus brazos rodean mi cuerpo.
Me gusta como tu mano acaricia mi espalda y como tu mano juega con mi cabello.
Me gusta sentir tu tibia respiración rozando mi frente.
Me gusta con mis manos recorrerte.
Me gusta cerrar mis ojos y con mis dedos reconocer tu rostro.
Me gusta pegarme a tu cuerpo y sentir tu calor en mi piel.
Me gusta colocar mi pierna entre tus piernas.
Me gusta, me gusta, cuando estamos los dos, abrazados, simplemente abandonados al tiempo.



CADA DIA ME RECONOCIAS



Luego de unos meses de no poder viajar para verte, al fin pude ir.
Llegué a tu casa. Todo estaba oscuro, la tristeza flotaba en el aire.
- ¿Dónde está? – pregunté.
- En su habitación – recuerdo que alguien me respondió.
- Esperá – me dijo mi tía – ya no es la misma. La miré en silencio y entre a tu habitación.
Ya no usabas esa gran cama de bronce, la que compartíamos cuando yo era niña y el abuelo ya no estaba. Tus muebles tampoco estaban allí.
Ahora había una pequeña mesa con medicamentos y otros implementos. En un rincón, una cama de hospital, de caño blanco y frio y en ella estabas vos.
Acerqué una silla y te contemplé, estabas flaca, tu piel arrugada, tu pelo totalmente blanco y ondulado. Tus ojos negros como dos bolitas de azabache fijamente contemplaban el techo.
Fijamente también te miraba yo. No voy a llorar, no voy a llorar, eso me decía, si ella da vuelta su cara hacia mi tiene que ver una gran sonrisa, no voy a llorar, no voy a llorar.
De golpe tus ojos se posaron en mí.
- Hola abuela – te dije.
- Hola, hola – y me mostraste una sonrisa. Esa era la mejor prueba que me podías dar, la prueba de que aun me reconocías.
- Estás  linda abuela – te dije, sabía que eras coqueta y vos volviste a sonreír.
- Traéme mi muñeca que la tengo que vestir – me pediste.
Me levanté, fui hacia tu ropero, saqué tu muñeca, esa que aun tengo, la de cabellos largos y rubios. Busqué la ropa y dos cepillos para el pelo.
Te la di.
- Este vestido es nuevo – me dijiste – lo hicimos con una señora que viene todos los días y no sé porque se queda conmigo toda la noche.
- ¡Está hermoso! ¿Se lo vas a poner?
- Si.
Le cambiaste la ropa. Te di el cepillo. Me hice un lugar junto a vos, como cuando era niña, vos peinabas a tu muñeca y yo hacia lo que sabía que tanto te gustaba, tome el cepillo y comencé a cepillar tus cabellos.
Así te quedaste dormida y yo me quedé a tu lado dándote un abrazo.
Durante esos días que pude estar con vos repetimos una y otra vez la rutina. 
Yo era feliz de que cada nuevo día me pudieras reconocer.
Finalmente partiste. Antes de irte me dejaste tu muñeca para que fuera yo quien ahora la vistiera y arreglara su pelo. Ahí está, sentada en un estante de mi ropero, la saco, la abrazo y en ella te digo cuanto te quiero. 



MIS ESTADOS




Mis estados de ánimo son cambiantes,  mis presentimientos vienen y van, puede invadirme una inmensa angustia que me lleva al llanto sin motivo o una gran alegría acompañada de carcajadas.
En la búsqueda de ayuda y explicación solo comprendí que soy así, que el sentir es lo único que yo no puedo manejar y que debo dejar que el me domine y es así que me dejo dominar.
Lloro abiertamente, porque sé que las lágrimas limpian mi alma, rio abiertamente, porque sé que las carcajadas son los que mantienen joven mi espíritu.
Pido abrazos y doy abrazos a mis afectos, porque sé que eso me calma.
Aprendí, a los golpes, que los sentimientos hacia otros existen o no y si no están no se debe forzar su búsqueda.
Se quiere con el corazón y no con el cerebro y me arrepiento de no haberlo descubierto antes porque a lo mejor mi vida podría haber sido distinta. 
Tantas cosas que calle, tantos secretos guardados, tantos sentimientos no expresados, llantos contenidos, risas soltadas, momentos vividos que tanto daño le hicieron a mi cuerpo y a mi alma.
Y ahora lo sé, lo expreso y soporto mis sentimientos. Los que me llevan de la lágrima a la risa, pero ya con total libertad los dejo salir espontáneamente porque en definitiva, en verdad, y como me dijeron son ellos los que ahora me dominan.



6 nov. 2012

ELLA Y EL



Ella, no lo conocía. Él, era el padre de su esposo y ella, nunca lo conoció. Solamente sabía por lo que otros le dijeron que había sido un buen hombre, de gran corazón.
Nunca vió fotos suyas, nunca nadie se lo describió y  sabiendo el dolor que causaba su recuerdo, nunca preguntó. 
Un día recibió la noticia más linda, su médico le informo que estaba embarazada. Una gran felicidad la invadió. Pero la felicidad no podía ser completa y luego de transcurridos dos meses de su embarazo su médico le dijo que debía hacer reposo hasta el momento del nacimiento para no perderlo.
Solamente podía pensar en esos siete meses que tenía por delante y la preocupación y tristeza se apoderaron de ella.
Él, como si esperara algo, todas las mañanas pasaba por su habitación y simplemente la miraba con una dulce sonrisa en su rostro.
Al principio ella pensaba que soñaba, que no estaba despierta del todo, una figura alta, delgada, vestida con una camisa clara y un pantalón beige en la puerta de su habitación estaba parado y le sonreía.
Al principio se sorprendió pero su corazón estaba tranquilo, no sintió miedo y una agradable paz la invadió.
Los días transcurrían calmos y ahora, ella, esperaba que él, apareciera como todas las mañanas cuando se quedaba sola en su cama, sintiéndose impotente por todo lo que no podía hacer.
Los meses transcurrían y con ellos las visitas de él que ahora ella esperaba con ansias, es que solo eran unos segundos en los cuales la paz la invadía.
Los siete meses pasaron tranquilos y su hijo nació, lo llevo a su casa.
Él  se acerco a la puerta, la miró, entro en la habitación, se acercó a la cuna, miró al bebé con los ojos llenos de ternura, tenía una gran sonrisa en su rostro, ella, simplemente lo miraba con emoción.
El se retiró con una luz a su alrededor.
Esa fue la última vez que ella lo vió. Juntó coraje, habló con su esposo, se lo describió y él le confirmó que ese era su padre. 
Ella supo inmediatamente que eso era lo que el necesitaba para irse definitivamente en paz, ver su sueño cumplido, ver a su nieto, hijo de su hijo, recién nacido











TE VEO Y ESCUCHO



a Huella

Te veo y escucho,
tiendo mi mano para ayudarte.
Te hablo y explico,
y me duele de tus pozos no poder sacarte.

Me mantengo a tu lado,
por momentos en silencio,
que no es más que mi forma de acompañarte.

Trato de hacerte reír,
quiero montones de carcajadas sacarte.
Tus momentos de tristeza
me recuerdan a mis momentos de tristeza
y es por eso que intento
de allí sacarte.

No quiero, simplemente no quiero
que seas vos otra alma en pena
y es por eso que te prometo
y es por eso que me prometo
que voy a seguir cada día
tratando de colgar
en tu alma carcajadas
que en tu rostro sean signos de plena alegría





MIS TRES PUNTOS


¿Quién de chico, de los que ahora ya somos adultos, no pasó alguna vez por el temido momento de la sutura?
Y si, yo pasé por ese momento.
Mis abuelos en el patio de su casa tenían una mesa y bancos revestidos con pequeños pedacitos de azulejos de colores y mi juego consistía en dar vueltas alrededor de la mesa pasando de banco en banco.
La mesa era redonda y los bancos semicirculares seguían su contorno perfectamente lo cual facilitaba el recorrido en un excelente círculo.
De nada valían las advertencias de mis abuelos: “te vas a caer”, “te vas a caer”, “bajate de ahí”. No sé en qué momento fue, pero recuerdo haber aterrizado en el piso, el cual por cierto era muy duro y de áspero cemento.
Mi abuela llegó en el acto atraída por el ruido, yo me puse de pie, no sentí el dolor en ese momento, pero si vi un charco de sangre sobre el portland.
Mi abuelo sacó el auto y ahí nomas partimos al doctor.
Eran otros tiempos, nada de anestesias, ni cirugías plásticas, una aguja como las de coser de mi abuela, que para mi recuerdo era enorme, enhebrada con un hilo y ahí nomás cosió, luego me colocó una venda tan grande y blanca que delataba mi travesura.
A la salida del hospital mi abuela cumplió su promesa, “si te portas bien, te compro un chocolate y una muñeca”. Bueno,  bien valía el portarse bien.
Volvimos a la casa, yo con mi gigantesca barra de chocolate y mi muñeca negra, los cuales también sirvieron para hacerme cumplir mis promesas de portarme bien a la hora de las inyecciones. Me hicieron meter en la cama. Al rato llegó la ejecutora de las inyecciones, María se llamaba, aparecía siempre a la hora señalada con una cajita de acero plateada que yo escuchaba tintinear antes que la viera, la jeringa era de vidrio y tenía una larga aguja los cuales se hervían antes de realizar la ejecución, aun recuerdo como dolían esas inyecciones, imposible sentarse cómodo hasta después de un tiempo.
Y hoy sigo viendo en mi mentón, justo debajo de mi pera, esa cicatriz blanca, una línea blanca con unas rayas que la atraviesan como si alguien hubiera realizado el mismo zurcido que en un pantalón, tres puntos que marcan lo caras que a veces cuestan las travesuras a los cinco años.





ESTUPIDA DECISIÓN




Encerrada en la oscuridad de la mente, en ese negro profundo del pensar, allí donde ya no hay ni un solo pequeño rayo de luz, la esperanza desapareció.
Todo es desolación, tristeza, angustia. Ya no llegan los sentimientos. 
Todo es tan oscuro, tan negro, tan negativo, es que ya no siento, ya no puedo dar nada porque ya nada tengo. Ya no puedo recibir nada más porque ya no siento.
Ahora soy simple cuerpo, mi espíritu y mi mente ya no funcionan, algo los apagó, algo ocurrió sin que me diera cuenta, quizás tanto sufrimiento me colmó y ahora, con una coraza construida a mi alrededor, trato de protegerme de más dolor.
Y acá estoy, viviendo la vida como si no fuera mía, sintiéndome un sentimiento y una mente dentro de otro sentimiento y otra mente que no me pertenecen.
Me miro al espejo y no soy yo, me siento ante mi taza de café y pienso en un solo fin para el dolor, por primera vez el egoísmo se apodera de mí.
Debo pensarlo bien, tiene que funcionar, debe ser una sola vez y con resultado esperado.
Bien, ahí está el frasco, ese pequeño frasco tiene la solución que busco. Y mi mente oscura ahora trabaja en algo oscuro, realiza precisos cálculos, cantidad, tiempo del efecto, momento preciso del resultado esperado.
Pero de pronto algo ocurrió, el sentimiento, el bendito o no sentimiento, interviene y me muestra escenas impensadas y me invade la culpa y el egoísmo se disipa y ahora un pequeño rayo de luz puede entrar. ¿Pero cómo es posible? ¿Cómo puede ser que algo tan minúsculo como un segundo pueda convertirse en el tiempo más importante para decidir viajar o no al mas allá? 
Y ahora lo veo, después de un tiempo y en verdad creo que esa fue la decisión más difícil y estúpida que en mi vida me propuse tomar.



4 nov. 2012

UNA VIDA POR DOS VIDAS




Llegó a la plaza. Allí todo era fiesta, la gente de su pueblo estaba congregada.
Baile, risas, algarabía, felicidad, todo en una perfecta conjunción para festejar algún acontecimiento, pero no sabía cuál.
Se sentía afiebrada y un poco débil por lo que decidió volver a su casa. Camino las pocas cuadras que la separaban de la gran reunión.
El día era hermoso, un sol radiante, el cielo impecablemente azul, todo indicaba que transcurriría plácidamente. Caminaba despacio disfrutando la tibia brisa. Su cabeza decorada con dos largas trenzas, un vestido estampado con un gran lazo en la espalda a la altura de su cintura, zapatos bajos completaban el típico atuendo de una niña de doce años.
Llego a su casa, beso a su madre y esta notó que estaba enferma. La envió a la cama y llamo al doctor. Debía permanecer en reposo y tomar sus medicamentos.
Pasaron los días. Un ruido ensordecedor invadió el aire. Se escuchaban motores de aviones zumbando sobre el pueblo. Insectos gigantes brillando en el cielo, rugiendo con fuerza, enviando silbidos a la tierra, produciendo grandes explosiones.
Su madre entro apresurada en su cuarto, se acostó junto a ella y la abrazó fuerte tratando de protegerla.
Un ruido ensordecedor, polvillo en el aire, escombros.
El último aire salió de su boca, una última y suave exhalación como un suspiro y el silencio absoluto.
Vio el desastre, parada al pie de su cama, una montaña de escombros a dos mujeres abrazadas tapaba.
Se alejó en silencio con sus largas trenzas, su camisón floreado y sus pies descalzos. Recorrió el pueblo en ruinas, todo era desolación, olor a humo y pólvora. Y vagó sin rumbo y sin saber qué hacer ni a donde ir. Por momentos sin saber quién era.
Tantas cosas le quedaron por hacer, deseos por cumplir, cosas por aprender, vida por vivir.
Vagó por un tiempo en un tiempo estacionado, por lugares sin espacios, creciendo sin crecer.
Una mujer, parecida a su madre se le acercó.
- Vení conmigo – le dijo extendiéndole su mano – Te voy a mostrar la mujer que cumple tus sueños.
Ella se dejo llevar.
Llegaron a una casa, un lugar desconocido. Era de noche, sus ojos miraban todo explorando. Subieron las escaleras.
Entro en una habitación. Una mujer dormía, su rostro mostraba paz.
Se pararon al pie de la cama.
- ¿Es ella? – preguntó.
- Si, es ella – le respondió la mujer que la acompañaba. – Se llama Elena.
Elena despertó, se incorporó y las miró.
- ¿Quien sos? – preguntó Elena.
- Vos lo sabes – respondió la niña – Gracias por cumplir mis sueños y ser quien yo quería ser.
Elena apoyo su cabeza suavemente en la almohada y con una sonrisa sus labios volvió a dormir.
La niña y la mujer partieron.
La niña hacia un lugar sin espacio ni tiempo, a su eterno reposo.
Y Elena, Elena siguió con su vida tratando de hacer que cada día fuera mejor que el anterior, viviendo con pasión una vida por dos.




COLLAR DE VIDA


Una idea,
Un recuerdo,
Un sentimiento, 
Uno a uno,
Poco a poco,
Se van sucediendo.
Se enhebran como cuentas
En un collar de perlas
Y me muestran, así como soy
Me muestran desnuda en alma y cuerpo.

El collar de mi vida
Es todo lo que cuento, 
Perlas blancas, perlas negras
Una a una se van sucediendo.
Perlas guardadas,
Cargadas de sentimientos,
Cargadas de historias,
Cargadas de lo malo y lo bueno.

Y ahora,
Y aquí,
Simplemente lo muestro.
Yo sé quién soy,
Algunos saben quién soy,
Otros me van descubriendo.
Es mi historia,
Mi simple historia,
De mi simple vida
Enhebrada en un collar
De perlas blancas y negras.
Transformadas en palabras
Dibujadas en un papel
Solo eso,
Es lo que cuento.





Y CRECISTE




Me senté frente a todas esas cajas forradas con ositos y llenas de recuerdos. Tus pequeñas mediecitas, gorritos con pompones, los juguetes que más querías, tus primeras fotos, la huellita de tu pie en tinta.
Y me invaden dulces recuerdos. El momento en que me dijeron que estabas dentro de mí, que ya existías, tus movimientos, esas pequeñas pataditas, el día que te pusieron en mis brazos y yo no podía dejar de mirarte.
Tu cuna te quedaba grande y yo me quedaba ahí, mirándote dormir  y rozaba tu mejilla mientras miraba como se te dibujaba una sonrisa en tu carita de ángel.
Y veo tus primeros dibujos, los colores salen del papel y recuerdo tu cara concentrada, los ojos bien abiertos y tu manito dibujando lo que tu cabecita dorada imaginaba y te fuiste un día feliz a la escuela y yo me quede sola extrañando tus travesuras y risas.
Y creciste, creciste, creciste y tu mundo se llenó de amigos y amigas, de música, risas y salidas y eso me alegró, tenías tu mundo propio y eras feliz
Y vos creciste y yo crecí con vos y ahora, ya hombre, seguís siendo mi niño, seguís dándome abrazos, ternura, risas, compartimos diálogos y gustos.
Y a veces algunos te juzgaron por tu forma de vestir, por tu pelo, por tu pensar y hablaban de vos y dijeron que  era mi culpa y yo me reí, yo sabía que debajo de todo eso había un ser especial y por eso pensaba y decía déjenlo, es feliz y alenté tu forma de ser, tu búsqueda de identidad para que dejaras salir tu personalidad y no me arrepiento, sos lo mejor que tengo.
Ahora te veo, rodeado de afecto y amor, hecho un hombre, con todo lo bueno y  malo que una persona tiene que tener y mi orgullo crece cada día y con ese mismo orgullo digo con una gran sonrisa ese es mi hijo, sí él es el hombre que alegra mi vida, el que me regala su luz y sus risas y él me alienta y me dice cuando dudo sobre mi – ma, si a vos te gusta, está bien.
Y ahora te veo, te miro atenta y siento paz y orgullo por lo que sos.




FELIZ INFANCIA



Mi infancia está plagada de recuerdos, recuerdos inolvidables.
Es que la infancia vivida en un pequeño pueblo a lo que se le suma un barrio tranquilo, con muchas amigas en una misma calle es todo un lujo.
Y allí es donde pasaba mis vacaciones.
Antes de terminar las clases ya les enviaba una carta a mis abuelos y la pregunta era:
¿Cuándo me van a venir a buscar?
A partir de ahí esperaba ansiosa al cartero, es que el traía la noticia más importante para mí, abría la carta y allí estaba el día exacto en que mis abuelos llegaban desde ese momento comenzaban mis preparativos, ropa, juguetes, libros, todo lo necesario para pasar mis ansiadas vacaciones.
El viaje era en ómnibus o en tren y mi ansiedad era tan grande que me parecía eterno.
¡Llegaba feliz! Dejaba mis cosas y allá partía, iba de casa en casa a buscar a mis amigas.
Toda la cuadra se enteraba que llegaba y así andaba yo, caminado y saludando, feliz en ese mundo que sentía tan mío.
Las mañanas bajo la glicina de una amiga, las tardes en la plaza de la esquina, jugábamos hasta la noche, los juegos cambiaban de acuerdo a los regalos de navidad, muñecas, patines, monopatín, bicicleta.
Ya mas grandes hasta hicimos una red que atravesaba la calle y la convertía en una cancha de vóley.
Eran tiempos felices, de juegos y confidencias, éramos libres y vagábamos por ahí entre el sonido de las chicharras de la tarde y los molestos mosquitos de la noche.
Nada importaba más que pasar las más hermosas e inolvidables vacaciones.
El regreso a casa se hacía pesado, la despedida parecía eterna, dolía dejar a esas amigas, el viaje ahora era corto, o al menos eso me parecía, comparado con el de ida.
Mis abuelos me llevaban a casa, se quedaban allí unos días y antes de partir me consolaban prometiendo volver para mis próximas vacaciones.
Y así yo pasaba esos meses esperando la más ansiada de las cartas, esa que me decía la fecha exacta en que de nuevo partiría.




HAY UNA HERIDA



Hay una herida difícil de quitar, una herida que abarca el cuerpo, el alma, la mente, que se manifiesta en cada órgano, en cada centímetro de piel tocada sin consentimiento.
Una herida que acompaña y marca el momento en que ocurrió aquello que no se desea.
Una herida que se comparte en silencio entre aquellos que la llevan.
Que marca los límites de lo posible e imposible para amar.
Que se manifiesta en aquél momento en que solamente se desea gozar.
Que acompaña persistentemente sin querer cicatrizar.
¿Pero llegará el momento en que esa herida deje ya de molestar?
¿Pero será posible que ese momento exista?
Y si, al final llega, llega de la mano de aquel que toca sin lastimar, que acaricia con amor, que ama sin forzar, que respeta nuestras decisiones de dejarnos amar, que entiende el dolor de esa herida tan profunda y desea curar con amor.
Solamente cuando nos entregamos al verdadero amor sabremos que eso fue el pasado, un pasado del cual no tuvimos culpa, maldito momento no buscado ni deseado, con un único actor y autor que nos desvalorizó y nos hundió en la desolación.
Pero llega el momento en el que el deseo que revertirá la situación se hace posible y es el momento en el que el gozo es nuestra propia decisión.