25 oct. 2012

HERMOSA VIDA


El día deja pasar a la noche
Y la noche al día
Y así transcurre mi vida
Entre días y noches
Entre noches y días
Así transcurren mis sueños
Sueños que le dan razón de ser a mis días
Días plenos a veces de amargo dolor
Días plenos otras veces de hermosas alegrías
Pero todo ello sumado
Hacen que mi vida sea eso
Simplemente mi hermosa vida
Mi hermosa vida
Transcurrida entre llantos y sonrisas







ALMA DEL BOSQUE




Caminando, en un camino de tierra, sin sentido ni rumbo fijo, sin tiempo, sin saber si era real o imaginario, zigzagueando por un bosque oscuro. Grandes árboles alrededor, la luz apenas podía traspasar sus copas y se metía con sacrificio entre las hojas.
Era difícil poder orientarse en el lugar, simplemente quedaba seguir el camino marcado y andar.
El aire se sentía pesado, olor a tristeza y humedad, las hojas y ramas crujían con los pasos y junto al sonido del viento en las copas eran los únicos que se podían escuchar.
Sombras negras en un paisaje negro, no se podía encontrar allí una salida, todo era bosque y al caminar hacia su corazón todo se volvía mas lúgubre, el aire era irrespirable, en su mismo centro.
Sentada en ese suelo húmedo,  alfombrado de hojas y musgos, apoyada en un tronco áspero que se hacía sentir en  la espalda, una figura allí estaba, los ojos cerrados, no se sabía si durmiendo o pensando. Una figura negra que se confundía con las sombras del bosque.
A lo lejos, una pequeña luz, muy despacio se acercaba, una luz blanca y brillante y a su paso el paisaje cambiaba.
Poco a poco, y a medida que avanzaba,  la luz tomaba forma humana.
Una figura blanca a la figura negra lentamente se acerca. Extiende su mano y acaricia apenas rozando su cabeza. 
La figura negra, ahora despierta,  se incorpora y ambos se funden en un abrazo que a todo el bosque transforma, la luz ahora es plena, se siente como si arriba se hubiese disipado una gran tormenta.
El bosque escuro cambia totalmente, el aire ahora es puro, los rayos de sol pasan libres entre  las copas y con las hojas juegan, el suelo se transforma en una verde alfombra y los pájaros tranquilos vuelven a los nidos.
La paz, la calma, el color y todo lo bello a ese oscuro bosque regresan de la mano de una caricia que simplemente rozó una cabeza,  como un pequeño toque al alma de ese bosque tan negro.



PARA MI HIJO


Un día nos llega una personita a nuestras vidas, una cosa chiquitita, hermosa, y nos convierte en padres. ¡Padres! ¿Y ahora qué hago? Y aprendemos con ellos, bueno, a costa de ellos, cometemos algunos errores, sentimos impotencia porque no habla y no sabemos qué le pasa, lo mimamos, lo malcriamos, nos enojamos, caminamos como zombis porque no nos dejan dormir y finalmente nos convencemos diciendo:  bueno, ya va a crecer y todo va a mejorar.
Y sí, ya creció, pasamos la infancia, las fiestas infantiles, jugamos, nos reímos, nos enojamos, lloramos con sus logros y seguimos sin dormir cada vez que le daba fiebre, obviamente siempre de madrugada.
Y esa cosita chiquitita siguió creciendo y nosotros con ella, pero eso pasó para los demás, para nosotros, padres, todo sigue igual, sigue siendo nuestra criaturita, seguimos jugando con él, nos seguimos riendo
Ahora habla pero tiene un piercing en la boca o un eterno chicle o la ortodoncia, en fin aun no le entendemos lo que dice y ahora sale de noche por lo que nosotros seguimos sin dormir o sea andamos por la vida como zombis.
Es nuestro hijito, nuestra criaturita y la amamos con todas nuestras fuerzas y lo seguimos malcriando cada día más y constantemente lo molestamos para hacerle saber que estamos acá con él.
Te amo hijo, sos todo para mí, pero por sobre todas las cosas sos mi hijo.




ABUELA, ¡CUANTO TE QUIERO!

Sentadas a la mesa de la cocina, tomando el desayuno, vos me decías que no te sentías bien, que habías tomado tus pastillas y comenzaste a contarme cosas de tu vida, y yo atenta escuchaba, siempre me gustaba oír tus historias.
Aun recuerdo cuando en las noches de inviernos me contabas historias mientras me enseñabas a tejer y luego con el café y la copita de licor, traías tu caja, tus fotos, tu álbum de recortes y me mostrabas tus tesoros.
Pero ese día fue especial, algo había que lo hacía distinto. Estoy segura que había algo que vos sabías y que yo no comprendía y me hablaste de las cosas que te gustarían para tu muerte y me pediste que cuidara al abuelo cuando vos no estuvieras y me confesaste tu miedo al pensar que esa sería la última vez que me verías y yo te contaba cosas tratando de cambiar el tema.
Y no sé cuantas horas pasaron, pero de un momento a otro los médicos entraban y salían. Yo, afuera, alejada, fumaba sin siquiera reaccionar, mirando todo como en una película.
Y luego, alguien te concedió siete días más, pero ya estabas dormida, aun recuerdo el pip pip de los aparatos, el frio del pasillo del hospital, el viaje para que volvieras a descansar en tu lugar tal como lo querías. 
Y yo seguía sin entender que había pasado y cuando al fin reaccione, llore, llore y llore, nada ni nadie podía  ya contenerme y consolarme.  ¿Qué seria ahora de mí sin vos? ¿Quién me escribiría esas cartas llenas de amor y aliento?
Y recordé nuestra charla y me di cuenta que en verdad vos sabias, sabias que esa era la última vez que nos veríamos y a veces, cuando lo pienso siento que yo perdí mi última oportunidad de abrazarte y decirte cuanto te quería.




Y EL DOLOR VA Y VIENE.


Es una puntada en el corazón que se dispersa por todo el cuerpo, invade cada milímetro de mi ser.
Dolor profundo, que lastima, trato de evitarlo, busco la forma de sacarlo, pero él sigue empecinado en un eterno ir y venir.
Son los recuerdos, que como destellos vienen, que duelen y vuelven a lastimar casi como la primera vez y temo, a veces temo volver sin quererlo a esa zona oscura de mi mente que me hace perder todos mis sentimientos y con la fuerza, la poca fuerza que me queda en ese momento trato de despejarlo. 
Seguir adelante es mi única meta y hacia ella, a veces con gran esfuerzo, me dirijo.
No sé si el fin esta cerca o lejos ¿es que alguien me lo podría decir? Lo único que sé es que mi alma por momentos pide paz, es que mi cuerpo pide un descanso de tantos dolores que el dolor le provoca.