14 nov. 2012

REALIDAD DE LO VIRTUAL O VIRTUALIDAD DE LO REAL




Los afectos tienen distintas formas de expresión, así como, muchos medios de dar y recibirlos.
Algunos, que aun se oponen irremediablemente a los beneficios de Internet  descreen que este sea un medio donde se puedan dar y  recibir afectos y en su descreencia, se pierden momentos instantáneos de sentirse queridos y valorados.
Es verdad que las relaciones interpersonales son importantes.
Es verdad que no hay nada comparado a ese abrazo a otro cuerpo en un cálido contacto, ese roce suave de los labios en la mejilla, esas manos que acarician y consuelan, esas son expresiones placenteras al momento de recibir afecto.
Pero cuando estamos en la soledad, cuando no tenemos a quien recurrir en ese preciso instante, cuando en lo oscuro  de la noche, en el momento en que todos duermen, nos encontramos solos, existe ese mundo al que llaman virtual.
Es en este mundo, en el que  se mezcla lo virtual con lo real, es que a ambos lados de un monitor hay personas, personas con sentimientos, personas que se expresan, que cuentan sus vidas a su manera.
Alguien, con justa razón o simple experiencia, puede descreer de lo que  pasa, puede argumentar que allí hay gente mala, gente que no dice la verdad, que todo lo disfraza.
¿Pero no ocurre esto en la vida llamada real también?
¿Cuántas veces hemos confiado en alguien al que vemos y luego sabemos que no es lo que mostraba?
Yo he tenido amistades llamadas reales que en verdad eran mentiras y tengo amistades reales muy verdaderas.
Y también he tenido en mi mundo virtual amistades que fueron grandes estafas y amistades que son grandes realidades.
Y en lo oscuro de la noche, y en aquellos momentos en los que mi alma buscaba mimos, caricias cálidas al corazón, las encontré también allí, en mi mundo virtual, amigos sin voces, pero llenos de palabras con afectos, con mucho para dar y recibir. Afectos instantáneos, ternuras en el momento.
Y si, cuando me resultan poco los afectos reales, cuando mi alma esta sola, recurro a ellos, ellos que no necesitan ver mi cara, ellos que con solo decir una palabra pueden saber cómo me siento y me dan los abrazos y besos que tanto me hacen falta.
Y si, es allí en ese preciso momento cuando lo real se mezcla con lo virtual y persigue una sola cosa: hacer sentir bien a quien está al otro lado de la pantalla.



NAVIDADES




El resto de mi familia, abuelos y tíos, vivían en otra provincia a quinientos kilómetros de nosotros, quinientos kilómetros que en esa época parecían un montón.
El día de navidad cargábamos todo en el auto bien temprano y emprendíamos el viaje, entre peleas y turnos para ver a quien le tocaba el medio o la ventanilla.
Al llegar a la casa de mis abuelos el despliegue era enorme, las cacerolas hervían en las hornallas indicando la preparación de uno de los menús tradicionales, la mayonesa de ave, en la mesa del comedor diario ya había fuentes repletas de tartaletas, sándwiches de miga, budines, pan dulce, etc, etc, etc, todo casero por supuesto, tapado con manteles que íbamos levantando para poder probar todo lo que allí abajo había.
Mi abuelo iba y venía acomodando mesas, llevando sillas, corriendo macetas, clocando luces.
No existían en esa épocas las comodidades de ahora, por lo que en el patio, en la pileta del lavadero, había una barra de hielo enfriando botellas, ya habíamos contado las de gaseosas, es que esas traían una figurita bajo la tapa y teníamos que calcular cuantas nos tocaba a cada uno para evitar las peleas.
Cuando se acercaba la hora dejaba de jugar con mis amigas y me preparaba para la fiesta.
La noche era agradable, toda la familia reunida en torno a una gran mesa, mis tíos, sus padres, mis abuelos, sus hijos, mis primos, mi familia.
El momento más esperado era el de las doce de la noche, ahí corríamos al árbol para buscar nuestros regalos, los sacábamos uno a uno y los íbamos abriendo, allí estaba la muñeca pedida, el cochecito para pasearla, un monopatín, los patines o la bicicleta, siempre variaban de acuerdo al pedido que durante el año realizábamos.
Luego de este acto de encontrarnos con los regalos, salía a la calle, es que había que estrenarlos en el momento, y allí me reunía con mis amigas del barrio y compartíamos todo lo recibido. Los juegos se prolongaban hasta tarde bajo las luces de la calle.
Al otro día nuevamente la reunión se repetía y luego de ella venia la despedida de mi familia, ellos emprendían el viaje de vuelta y yo me quedaba allí a disfrutar mis vacaciones y los mimos de mis abuelos y tíos. 



MI ALMA



La edad la determina el alma. Si, esa es mi convicción.
¿Quién puede decirnos si somos jóvenes o viejos?
Es que ¿existe un parámetro para medirnos?
Creo que no. Si se guían por el cuerpo cansado de arrastrar el dolor y los malos momentos de la vida pues bien, ahí sí, me declaro mayor. Pero si se guían por el alma, ahí no, mi alma quiere seguir viviendo y por mucho tiempo más. Es que ella perdió el tiempo padeciendo algunos dolores y esta empecinada en mantenerse joven.
Ella es atemporal y puede manejar su plan como más le guste. Yo la dejo que sea libre,  ya paso el tiempo de ser alma apenada, dominada por el dolor, con su mueca de tristeza, con los ojos cansados de llorar.
En esa región del alma, ahora deja que el sufrimiento la invada por momentos nada mas, pero no le da tiempo a que se le instale del todo y cuando siente que la invade, corre presurosa a buscar consuelo y lo encuentra en un mínimo afecto, una sonrisa que roba por allí, una mínima caricia, un suave beso. Eso es suficiente para ella y si la pena es más profunda la transforma en palabras, palabras que queda marcada en e l papel como una forma de descarga y es así que mi alma, mi espíritu sigue siendo joven y mi cuerpo solamente sirve para transportarla.  Llevarla por ahí a descubrir todas las almas de las cosas y la gente linda que la rodean.