30 may. 2013

Y AL FINAL NOS ABRAZAMOS… HISTORIA DE CHAT






Cuando comento que chateo la gente me mira extrañada, es que en su mayoría todos descreen de la amistad que allí se puede formar. Muchos piensan que no se puede conocer en ese medio a una persona tal cual es, no creen en los amores que pueden nacer, en las amistades que allí se pueden forjar. Yo siempre pensé que en un chat  pueden surgir amistades genuinas, es que es el único lugar donde las personas que se manejan con sinceridad pueden conocerse y aceptarse tal cual son, sin importar nada más y a mí me pasó.
Una noche de aburrimiento entré en un chat y ahí estaba Clau, no recuerdo bien los detalles, pero si sé que nos llevamos bien desde el principio y entre charlas grupales y bromas descubrimos que vivíamos en la misma ciudad. Al principio fue sólo una anécdota. Luego con el tiempo llegaron Vic y Ouro, ellas, las porteñas. Clau y yo, las cordobesas. Y nos seguimos juntando, nos contamos nuestras historias, hablamos de lo cotidiano, el trabajo, los hijos, los maridos, las vacaciones, infinitos temas. Nos juntábamos casi todas las noches en una cita obligada,  nos conocíamos, intercambiamos faces, fotos, correos, celulares.
A alguien se le ocurrió el skype y allí corrimos a buscar micrófonos y auriculares. Nos conectamos una noche y hablábamos por turno para conocernos la voz, ¡qué emoción! las letras del chat ahora tenían sonido y hablábamos, hablábamos, hablábamos.
Los lazos se hicieron más fuertes y a pesar de sucesos desagradables que nos llevaron a separarnos nunca se rompieron. Fue una etapa de gran dolor pero sirvió para darnos cuenta de lo fuerte que era nuestra amistad.
El tiempo pasó, ya no se cuanto y comenzaron las promesas de conocernos personalmente, deseos de vernos, es que de tanto hablar uno ya tiene ganas de conocer al otro  y fue así que planeamos el encuentro. Llegó el día.  Al fin no conoceríamos Clau y yo. Nos encontramos, ¡¡qué emoción!! ¡Que abrazo! ¡Abrazo hasta las lagrimas! Nos mirábamos, nos abrazábamos, ¡hola!, ¡hola!, ¡hola!, ¡no lo puedo creer!, eran las únicas palabras que nos salían y nos abrazábamos y nos mirábamos. Es que ya dejamos de ser un Nick en la pantalla, ya nuestras voces, nuestras letras,  tenían una cara.
Luego de ese trance del encuentro hablamos, hablamos, hablamos y nos sacamos fotos y las mandamos a Ouro y Vic y nos conectamos para compartir con ellas nuestra emoción y hasta ellas lloraron. 
Nuestra amistad sigue creciendo y seguimos viéndonos y seguimos escribiendo en el chat y seguimos con el skype y estamos ansiosas esperando concretar el paso final, encontrarnos las cuatro, seguramente para de nuevo abrazarnos todas y llorar.
Y si, que puedo decir, yo soy una de esas personas que cree en la amistad, que cree que es posible encontrar un alma gemela del otro lado de la pantalla con quien forjar una amistad real, con sentimientos y es que yo encontré en ellas Clau, Vic y Ouro a mis amigas, a esa familia que ya no tengo, a mis hermanas que de algún modo alguien puso en mi camino, no tienen mi sangre pero son mis hermanas del corazón las que están, las que me sostienen sin preguntar, las que me dan todo y mas, las que me acompañan, las que respetan mis silencios y mis momentos de soledad, las que bancan mis locuras y acompañan mis risas. Ellas son mis amigas especiales, mis amigas virtuales,  que de tanto querer se convirtieron en reales.






2 comentarios:

  1. Yo siempre he dicho que este medio es sorprendente, pero aun me sorprende más aquella gente que sin conocerlo ya lo da por falso directamente. Eso me enerva, puesto que yo he conocido y conozco gente maravillosa, tengo amigos que con el tiempo he conocido en persona y puedo asegurar que a veces me ha sorprendido cómo puede unir una distancia aun sabiendo que es insalvable por el motivo que sea.

    Besos!!

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  2. Qué hermosa historia, llena de profundos sentimientos. Me reivindica una vez más la idea de que tras lo virtual existe una persona llena de historias y vivencias Ella se expresa y se conecta con los demás con una química poderosa, benditos los que disfrutan en ese castillo del alma, desprovistos de perjuicios y asombrados por las sorpresas que aún y siempre dará la vida.

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