4 nov. 2012

HAY UNA HERIDA



Hay una herida difícil de quitar, una herida que abarca el cuerpo, el alma, la mente, que se manifiesta en cada órgano, en cada centímetro de piel tocada sin consentimiento.
Una herida que acompaña y marca el momento en que ocurrió aquello que no se desea.
Una herida que se comparte en silencio entre aquellos que la llevan.
Que marca los límites de lo posible e imposible para amar.
Que se manifiesta en aquél momento en que solamente se desea gozar.
Que acompaña persistentemente sin querer cicatrizar.
¿Pero llegará el momento en que esa herida deje ya de molestar?
¿Pero será posible que ese momento exista?
Y si, al final llega, llega de la mano de aquel que toca sin lastimar, que acaricia con amor, que ama sin forzar, que respeta nuestras decisiones de dejarnos amar, que entiende el dolor de esa herida tan profunda y desea curar con amor.
Solamente cuando nos entregamos al verdadero amor sabremos que eso fue el pasado, un pasado del cual no tuvimos culpa, maldito momento no buscado ni deseado, con un único actor y autor que nos desvalorizó y nos hundió en la desolación.
Pero llega el momento en el que el deseo que revertirá la situación se hace posible y es el momento en el que el gozo es nuestra propia decisión.



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